14 de noviembre de 2009

La lluvia y yo

Ya somos amigas. Hoy tenía que salir a la calle en el momento del diluvio universal. Esperé un poco y salí cuando no era tan grave pero mientras me mojaba todo menos los pelos que estaban justo debajo del paraguas me puse a reflexionar…

Cada vez que un grupo de amigos con los que solía salir hace un par de años me invitaban a acompañarlos, llovía.
Cuando tuve que co-organizar un campamento de una semana, llovió todos los días.
Hace dos semanas me tocó armar una convivencia. Sí, adivinaron, llovió todo el fin de semana. Una mamá preocupada por su hija que venía a la convivencia me mandó un mensajito de texto: “una lluvia de bendiciones”. Sin comentarios.

Sin embargo, no soy supersticiosa y sí relativamente optimista; no creo en la fatalidad… Esto venía pensando por la calle y se me dio vuelta el paraguas! ¿Será una señal?

Con los zapatos, los pies, las piernas, la pollera, los brazos y la cartera mojados (y con la idea de inventar un paraguas que realmente cubra) me encaminé hacia el subte pero estaba “temporalmente interrumpido” en medio del temporal que azotaba a Buenos Aires y con esa temporalidad indefinida de la que uno no conoce siquiera el principio (y mucho menos el final).

Ni un taxi vacío.

Finalmente paró uno. Tenía aire acondicionado y yo estaba medio húmeda, me morí de frío. El tránsito no avanzaba. Le pregunto al chofer (que hasta el momento no había hablado más que para decir “¿Qué?” cuando le dije adónde iba) por qué los autos no avanzaban. Ni me escuchó y al rato vi que tenía un audífono…
¿Algo más?

Ah, sí, media hora después se despejó y salió el sol. :-)