Ya somos amigas. Hoy tenía que salir a la calle en el momento del diluvio universal. Esperé un poco y salí cuando no era tan grave pero mientras me mojaba todo menos los pelos que estaban justo debajo del paraguas me puse a reflexionar…
Cada vez que un grupo de amigos con los que solía salir hace un par de años me invitaban a acompañarlos, llovía.
Cuando tuve que co-organizar un campamento de una semana, llovió todos los días.
Hace dos semanas me tocó armar una convivencia. Sí, adivinaron, llovió todo el fin de semana. Una mamá preocupada por su hija que venía a la convivencia me mandó un mensajito de texto: “una lluvia de bendiciones”. Sin comentarios.
Sin embargo, no soy supersticiosa y sí relativamente optimista; no creo en la fatalidad… Esto venía pensando por la calle y se me dio vuelta el paraguas! ¿Será una señal?
Con los zapatos, los pies, las piernas, la pollera, los brazos y la cartera mojados (y con la idea de inventar un paraguas que realmente cubra) me encaminé hacia el subte pero estaba “temporalmente interrumpido” en medio del temporal que azotaba a Buenos Aires y con esa temporalidad indefinida de la que uno no conoce siquiera el principio (y mucho menos el final).
Ni un taxi vacío.
Finalmente paró uno. Tenía aire acondicionado y yo estaba medio húmeda, me morí de frío. El tránsito no avanzaba. Le pregunto al chofer (que hasta el momento no había hablado más que para decir “¿Qué?” cuando le dije adónde iba) por qué los autos no avanzaban. Ni me escuchó y al rato vi que tenía un audífono…
¿Algo más?
Ah, sí, media hora después se despejó y salió el sol. :-)
14 de noviembre de 2009
28 de octubre de 2009
Falsa alarma
Era la primera vez que viajaba sola en avión.
En la fila del embarque tuve que pasar por donde te controlan que no seas un terrorista con bombas y armas blancas camufladas bajo la remera... pero era demasiado para prestar atención y algunos percances fueron inevitables...
Nótese que en los días previos al viaje, había llamado algunas veces a la aerolínea para preguntar si podía llevar en el equipaje de mano cosas como secador de pelo, pincita de depilar, alicate, termo de acero inoxidable, etc.
La cosa es que, ya de frente al detector de metales, hube depositado mi bolso y mi cartera en la cinta para que les sacaran una radiografía. Pero no me saqué el celular del bolsillo cuando pasé por el detector de metales... con lo que éste sonó, pero yo no me di cuenta porque estaba demasiado ocupada viendo qué pasaba con mis pertenencias en la cinta transportadora. Una chica de seguridad me dijo "venga por acá" y yo fui sin problema ni cara de narcotraficante pensando que a todos los palpaban... "Qué llevamos, metálico?", me dijo la chica con el tono en que el pediatra le preguntaría "qué comimos?" a un nene medio descompuesto. "¿Llaves?", me dice. "Sí, en la cartera" -le contesto- "Ah, encima... eh... las hebillas del pelo..."
- "celular?" - "ah, sí" - "en este bolsillo? a ver, mostrámelo". Se lo mostré, estaba en otro bolsillo. "Está bien, pasá". Después me di cuenta de que a todos los demás no les hacían las mismas preguntas ni los palpaban... Nota mental: a la vuelta, meter el celular en la cartera antes del embarque.
En la fila del embarque tuve que pasar por donde te controlan que no seas un terrorista con bombas y armas blancas camufladas bajo la remera... pero era demasiado para prestar atención y algunos percances fueron inevitables...
Nótese que en los días previos al viaje, había llamado algunas veces a la aerolínea para preguntar si podía llevar en el equipaje de mano cosas como secador de pelo, pincita de depilar, alicate, termo de acero inoxidable, etc.
La cosa es que, ya de frente al detector de metales, hube depositado mi bolso y mi cartera en la cinta para que les sacaran una radiografía. Pero no me saqué el celular del bolsillo cuando pasé por el detector de metales... con lo que éste sonó, pero yo no me di cuenta porque estaba demasiado ocupada viendo qué pasaba con mis pertenencias en la cinta transportadora. Una chica de seguridad me dijo "venga por acá" y yo fui sin problema ni cara de narcotraficante pensando que a todos los palpaban... "Qué llevamos, metálico?", me dijo la chica con el tono en que el pediatra le preguntaría "qué comimos?" a un nene medio descompuesto. "¿Llaves?", me dice. "Sí, en la cartera" -le contesto- "Ah, encima... eh... las hebillas del pelo..."
- "celular?" - "ah, sí" - "en este bolsillo? a ver, mostrámelo". Se lo mostré, estaba en otro bolsillo. "Está bien, pasá". Después me di cuenta de que a todos los demás no les hacían las mismas preguntas ni los palpaban... Nota mental: a la vuelta, meter el celular en la cartera antes del embarque.
Lo que mata es la humedad (y los ventiladores de techo)
Recientemente fui a otra ciudad, a un congreso en el que tenía que exponer un artículo.
El día D hacía 39º a la sombra y la facultad no contaba con aire acondicionado. Sin embargo, había en el aula indicada un promisorio ventilador de techo y la esperanza que trajeran agua para los expositores, cosa que nunca ocurrió. Entre los insumos malfuncionantes hallábase una computadora conectada a un cañón. Resultó que el mouse se taró y había que operar todo desde el teclado, pero se complicaba apagar todo cuando un expositor no iba a presentar diapositivas, por lo que hablé todo el tiempo con la primera diapositiva de un trabajo que no era mío a mis espaldas.
Así arranqué: Mi nombre, universidad, proyecto... "y voy a hablar de... (señalando hacia atrás) algo que no tiene nada que ver con eso".
Empecé a hablar pero el ventilador de techo me volaba las hojas, así que había que esforzarse para que permanecieran en su lugar. No conforme con eso, entre el ventilador de techo y los nervios, se me secó la boca! "Disculpen, me voy a servir agua" y luego de tomarla, quise apoyar el vasito. Pero se voló! Lo atajé en un movimiento digno de un seeker (para los que no leyeron Harry Potter, es una posición de un deporte mágico que requiere gran velocidad y precisión!), seguí hablando como si nada y lo apoyé nuevamente. Pero ningún lugar estaba a salvo del ventilador y se volvió a volar!!!! Y mientras tanto yo hablablahablabahablaba... Entre la sed, la sequedad, el ventilador, el vasito, los papeles y el calor... jamás estuve tan incómoda!
Por suerte la exposición salió bien, me hicieron preguntas y hasta me pidieron el mail! Pero nunca más me voy a un congreso en donde haga calor.
El día D hacía 39º a la sombra y la facultad no contaba con aire acondicionado. Sin embargo, había en el aula indicada un promisorio ventilador de techo y la esperanza que trajeran agua para los expositores, cosa que nunca ocurrió. Entre los insumos malfuncionantes hallábase una computadora conectada a un cañón. Resultó que el mouse se taró y había que operar todo desde el teclado, pero se complicaba apagar todo cuando un expositor no iba a presentar diapositivas, por lo que hablé todo el tiempo con la primera diapositiva de un trabajo que no era mío a mis espaldas.
Así arranqué: Mi nombre, universidad, proyecto... "y voy a hablar de... (señalando hacia atrás) algo que no tiene nada que ver con eso".
Empecé a hablar pero el ventilador de techo me volaba las hojas, así que había que esforzarse para que permanecieran en su lugar. No conforme con eso, entre el ventilador de techo y los nervios, se me secó la boca! "Disculpen, me voy a servir agua" y luego de tomarla, quise apoyar el vasito. Pero se voló! Lo atajé en un movimiento digno de un seeker (para los que no leyeron Harry Potter, es una posición de un deporte mágico que requiere gran velocidad y precisión!), seguí hablando como si nada y lo apoyé nuevamente. Pero ningún lugar estaba a salvo del ventilador y se volvió a volar!!!! Y mientras tanto yo hablablahablabahablaba... Entre la sed, la sequedad, el ventilador, el vasito, los papeles y el calor... jamás estuve tan incómoda!
Por suerte la exposición salió bien, me hicieron preguntas y hasta me pidieron el mail! Pero nunca más me voy a un congreso en donde haga calor.
14 de octubre de 2009
Problemas con la antena
Ayer fui a ver a un cura a su parroquia. Delante de secretaría parroquial había más gente esperando. Cuando salgo de secretaría (de decirle a la secretaria que venía a ver a este cura), veo de frente a la gente que estaba esperando... y pienso "¿ese señor de pelo largo tiene los ojos pintados? ... ¡Oh! Son 5 travestis...".
30 de septiembre de 2009
Cómo no hacer un bizcochuelo
Resulta que, hace un tiempo, la novia de mi hermano me pasó la receta de un bizcochuelo muy fácil y rico. Hasta que junté coraje pasó bastante tiempo... pero la cosa es que emprendí la hazaña más o menos recientemente.
(Nótese que nunca me expliqué cómo la gente vivía sin microondas ni cómo es que las tortas se hacían sin el polvito Exquisita).
Entonces: TOMA 1 - Luz, cámara, acción!
Hice todo lo que decía la receta, pero usando la mitad porque iba a usar un molde de la mitad de tamaño del que proponía la receta. Única duda: la receta, bah, el papelito, decía "Horno +/- 30'" ¿Sería el horno más o menos caliente? ¿O más o menos 30 minutos? mmm... Puse el horno más o menos caliente -horno moderado, le dicen-, pero a los 20 minutos ya había olorcito a vainilla.
¡¡Qué bien!! ¡¡Qué rápido!! (pensé). Abrí el horno, el bizcochuelo hecho en budinera de budín inglés estaba doradito. Meto un cuchillo (eso no sé dónde lo aprendí pero la receta no lo decía y me sentí estúpidamente inteligente por recordarlo). Sale pegoteado, vuelvo a meterlo en el horno y le bajo la temperatura.
Antes de seguir, les pido que por favor se abstengan de decir todo lo que están pensando. Es más, por vuestra salud mental, les pido que se abstengan de pensarlo también.
Luego de varias sacadas del y puestas en el horno, salió el bizcochuelo-hecho-en-budinera-de-budín-inglés, aparentando un éxito aunque no hubiera crecido demasiado... pero cuando lo desmoldamos, estaba quemado en las puntas y cuando lo cortamos, había pequeñas partecitas crudas...
A modo de corte publicitario, les cuento que entre intento e intento recibí algunas gastadas. Primero, por preguntar si la ralladura de limón se compraba (aunque la novia de mi primo después dijo que sí se puede conseguir!!). Segundo porque, comparando el bizcochuelo este con una torta helada que hace mi tía, dije que la que hace mi tía es más complicada porque "hay que batir". Cuando media mesa que festejaba el cumpleaños de mi abuela empezó a agitarse a mandíbula batiente me di cuenta de que quizá para el común de los mortales batir no sea tan complicado...
Y me sumí en profundas reflexiones...
TOMA 2 - Luz, cámara, acción!
Esta tarde me propuse intentar de nuevo. Esta vez puse el horno a mínimo pero a la media hora fui a ver y estaba todo tan líquido como cuando lo había metido... así que le subí la temperatura. Pero a los 20 minutos estaba casi líquido. Le subí la temperatura. Se empezó a dorar pero no crecía. Al cabo de hora y veinte saqué del horno un bizcochuelo-hecho-en-budinera-de-budín-inglés con la altura de un brownie. Pero de vainilla.
Es que no le tomo la mano al horno, pensé...
Llegó mi viejo del laburo y me dijo que justo se quería tomar un café, que lo probaba... Lo dejé enfriar un poco y luego lo desmoldé... Una parte se quedó pegada en la budinera y lo que salió, salió en partes... Yacía el brownie deshecho en el plato cuando entró mi papá(quien conoce mis -nulas- habilidades culinarias) a la cocina , se mató de risa y dijo ¡¡sacale una foto!!
... - dije.
No me causa - pensé.
Me fui al gimnasio y a la vuelta de pilates pasé por el chino a comprar azúcar. Cuando estaba llegando, me encuentro con mi madre y entramos juntas. Relato mis aventuras en la cocina y declaro mis intenciones de volver a intentarlo esa misma noche.
TOMA 3 - Luz, cámara...
Madre: ¿Y qué lleva la receta?
Yo: blablabla, harina leudante...
Madre (abriendo la alacena): ¿pero había harina leudante?
Yo: ... ¿no son leudantes todas las harinas?
Mi mamá se desternillaba... yo no podía creerlo. Gracias a Dios el chino sigue abierto aún pasadas las 21.30hs porque yo no iba a permitir que ese impertinente bizcochuelo-hecho-en-budinera-de-budín-inglés me ganara!!!
He de confesar que al tercer intento-bis (es decir, después de conseguir la harina apropiada), el bizcochuelo salió bien y por eso estoy de humor para el relato... Si no, más que una sit-com era un drama...
(Nótese que nunca me expliqué cómo la gente vivía sin microondas ni cómo es que las tortas se hacían sin el polvito Exquisita).
Entonces: TOMA 1 - Luz, cámara, acción!
Hice todo lo que decía la receta, pero usando la mitad porque iba a usar un molde de la mitad de tamaño del que proponía la receta. Única duda: la receta, bah, el papelito, decía "Horno +/- 30'" ¿Sería el horno más o menos caliente? ¿O más o menos 30 minutos? mmm... Puse el horno más o menos caliente -horno moderado, le dicen-, pero a los 20 minutos ya había olorcito a vainilla.
¡¡Qué bien!! ¡¡Qué rápido!! (pensé). Abrí el horno, el bizcochuelo hecho en budinera de budín inglés estaba doradito. Meto un cuchillo (eso no sé dónde lo aprendí pero la receta no lo decía y me sentí estúpidamente inteligente por recordarlo). Sale pegoteado, vuelvo a meterlo en el horno y le bajo la temperatura.
Antes de seguir, les pido que por favor se abstengan de decir todo lo que están pensando. Es más, por vuestra salud mental, les pido que se abstengan de pensarlo también.
Luego de varias sacadas del y puestas en el horno, salió el bizcochuelo-hecho-en-budinera-de-budín-inglés, aparentando un éxito aunque no hubiera crecido demasiado... pero cuando lo desmoldamos, estaba quemado en las puntas y cuando lo cortamos, había pequeñas partecitas crudas...
A modo de corte publicitario, les cuento que entre intento e intento recibí algunas gastadas. Primero, por preguntar si la ralladura de limón se compraba (aunque la novia de mi primo después dijo que sí se puede conseguir!!). Segundo porque, comparando el bizcochuelo este con una torta helada que hace mi tía, dije que la que hace mi tía es más complicada porque "hay que batir". Cuando media mesa que festejaba el cumpleaños de mi abuela empezó a agitarse a mandíbula batiente me di cuenta de que quizá para el común de los mortales batir no sea tan complicado...
Y me sumí en profundas reflexiones...
TOMA 2 - Luz, cámara, acción!
Esta tarde me propuse intentar de nuevo. Esta vez puse el horno a mínimo pero a la media hora fui a ver y estaba todo tan líquido como cuando lo había metido... así que le subí la temperatura. Pero a los 20 minutos estaba casi líquido. Le subí la temperatura. Se empezó a dorar pero no crecía. Al cabo de hora y veinte saqué del horno un bizcochuelo-hecho-en-budinera-de-budín-inglés con la altura de un brownie. Pero de vainilla.
Es que no le tomo la mano al horno, pensé...
Llegó mi viejo del laburo y me dijo que justo se quería tomar un café, que lo probaba... Lo dejé enfriar un poco y luego lo desmoldé... Una parte se quedó pegada en la budinera y lo que salió, salió en partes... Yacía el brownie deshecho en el plato cuando entró mi papá(quien conoce mis -nulas- habilidades culinarias) a la cocina , se mató de risa y dijo ¡¡sacale una foto!!
... - dije.
No me causa - pensé.
Me fui al gimnasio y a la vuelta de pilates pasé por el chino a comprar azúcar. Cuando estaba llegando, me encuentro con mi madre y entramos juntas. Relato mis aventuras en la cocina y declaro mis intenciones de volver a intentarlo esa misma noche.
TOMA 3 - Luz, cámara...
Madre: ¿Y qué lleva la receta?
Yo: blablabla, harina leudante...
Madre (abriendo la alacena): ¿pero había harina leudante?
Yo: ... ¿no son leudantes todas las harinas?
Mi mamá se desternillaba... yo no podía creerlo. Gracias a Dios el chino sigue abierto aún pasadas las 21.30hs porque yo no iba a permitir que ese impertinente bizcochuelo-hecho-en-budinera-de-budín-inglés me ganara!!!
He de confesar que al tercer intento-bis (es decir, después de conseguir la harina apropiada), el bizcochuelo salió bien y por eso estoy de humor para el relato... Si no, más que una sit-com era un drama...
24 de marzo de 2009
1 de marzo de 2009
Una brújula, por favor...
Hace un par de horas volví de misa azotada por el diluvio universal, con los jeans cayéndoseme por el peso del celular y las llaves en el bolsillo trasero y sin posibilidad alguna de sostenerlo porque en una mano llevaba el paraguas multicolor con cabeza de osito y con la otra sostenía un libro prestado bajo la remera (el libro fue prestado en condiciones normales; bajo la remera lo sostenía para evitar que se hiciera puré). Y en medio del agua y todo esto, recordé que mi vida es una sit-com.
Saben lo que me pasó el jueves?
A la salida del trabajo, debía ir al estudio de mi directora de investigación a buscar unas fotocopias que necesito leer y que ella me recomendó. Se suponía que yo pasara a eso de las 4 y media, pero eran las 5 y ella no había llegado. Menos mal que estaba una de las chicas que trabajan con ella, que me abrió la puerta y me hizo pasar amablemente (y nos quedamos hablando de la facultad, porque resulta ser que en agosto se recibió de socióloga). A las 6 cerraba una oficina de la facultad (sede Marcelote) en la que debía hacer un trámite, así que tenía que irme del estudio a eso de las 5 y media, para llegar (con la lengua afuera pero llegar al fin) a hacer el mencionado trámite.
Mi directora llegó como a las 5 y media después de una ardua sesión de concejo superior, entregóme las fotocopias (más de 1000 páginas anilladas en cuatro tomos, para mi sorpresa; tengo para entretenerme hasta Navidad) y partí. Mientras caminaba, pensaba qué tomarme... El 109. Oh, coincidencia, veo la parada del 109! Resulta ser que en el mismo lugar para el 99 y en efecto había allí un colectivo de esa línea. Leo rápidamente el cartelito del poste y, maravilla de maravillas, dice "Facultad de Medicina"!! (Nótese que ésta queda a la vuelta de la sede Marcelote). Qué suerte la mía!! Me subo justito cuando empieza a arrancar y quedo medio apretujada porque el vehículo estaba hasta las manos!
Tan hasta las manos estaba que a las 10 cuadras yo no había podido aún acercarme a la máquina para sacar boleto... y menos mal porque fue entonces que noté que desconocía el paisaje... ¿Sería porque el 99 -que jamás había tomado- tiene un recorrido sustancialmente distinto del del 109 -cuyo recorrido recuerdo bastante bien-? ¿O será que me tomé el colectivo para el otro lado?
Sí, damas y caballeros, otra vez me tomé el colectivo para el otro lado.
Ingenuamente pregunto al chofer (disimulando una sonrisa que se me escapaba porque ni yo lo podía creer): "Va para Facultad de Medicina?" - "No", dice el verborrágico conductor. "Ah... es el que va para el otro lado, no?" - "Sí".
Bueno, como al señor había que sacarle la información con tirabuzón, le pregunté por dónde pasaba el colectivo de vuelta y me bajé, presintiendo que estaba cerca del Cid Campeador.
Caminé hasta la parada del colectivo que iba para el otro lado sin querer mirar la hora... y cuando llegó, me lo tomé.Nunca caminé tan rápido como en las escasas cuadras entre donde me dejó el 99 y Marcelote. Primer piso por escalera (sólo porque para llegar al primer piso, subo más rápido corriendo que por ascensor), miro la hora (recordemos que la oficina cerraba a las 18): 18.07. Shit.
Pero veo que alguien sale de la oficina! Me apuro, entro con cara de tonta desorientada y pregunto... pero no... "los chicos que hacen ese trámite ya se fueron, la oficina cerró a las 6"... "Ah, qué pena...", respondo yo. Si no me hubiera tomado el colectivo para el otro lado, quizá hasta me sobraba tiempo! Y eso fue lo que pensé cuando estaba en la parada del 99-para-el-lado-correcto pero entonces no quise mirar la hora porque si hubiera presentido que no llegaba, igual no hubiera sabido volver a mi casa desde ahí!!!!!En fin... Los dejo. Seguramente haya pronto nuevos capítulos; no es que haga pavadas todo el tiempo, pero... :-)
Saben lo que me pasó el jueves?
A la salida del trabajo, debía ir al estudio de mi directora de investigación a buscar unas fotocopias que necesito leer y que ella me recomendó. Se suponía que yo pasara a eso de las 4 y media, pero eran las 5 y ella no había llegado. Menos mal que estaba una de las chicas que trabajan con ella, que me abrió la puerta y me hizo pasar amablemente (y nos quedamos hablando de la facultad, porque resulta ser que en agosto se recibió de socióloga). A las 6 cerraba una oficina de la facultad (sede Marcelote) en la que debía hacer un trámite, así que tenía que irme del estudio a eso de las 5 y media, para llegar (con la lengua afuera pero llegar al fin) a hacer el mencionado trámite.
Mi directora llegó como a las 5 y media después de una ardua sesión de concejo superior, entregóme las fotocopias (más de 1000 páginas anilladas en cuatro tomos, para mi sorpresa; tengo para entretenerme hasta Navidad) y partí. Mientras caminaba, pensaba qué tomarme... El 109. Oh, coincidencia, veo la parada del 109! Resulta ser que en el mismo lugar para el 99 y en efecto había allí un colectivo de esa línea. Leo rápidamente el cartelito del poste y, maravilla de maravillas, dice "Facultad de Medicina"!! (Nótese que ésta queda a la vuelta de la sede Marcelote). Qué suerte la mía!! Me subo justito cuando empieza a arrancar y quedo medio apretujada porque el vehículo estaba hasta las manos!
Tan hasta las manos estaba que a las 10 cuadras yo no había podido aún acercarme a la máquina para sacar boleto... y menos mal porque fue entonces que noté que desconocía el paisaje... ¿Sería porque el 99 -que jamás había tomado- tiene un recorrido sustancialmente distinto del del 109 -cuyo recorrido recuerdo bastante bien-? ¿O será que me tomé el colectivo para el otro lado?
Sí, damas y caballeros, otra vez me tomé el colectivo para el otro lado.
Ingenuamente pregunto al chofer (disimulando una sonrisa que se me escapaba porque ni yo lo podía creer): "Va para Facultad de Medicina?" - "No", dice el verborrágico conductor. "Ah... es el que va para el otro lado, no?" - "Sí".
Bueno, como al señor había que sacarle la información con tirabuzón, le pregunté por dónde pasaba el colectivo de vuelta y me bajé, presintiendo que estaba cerca del Cid Campeador.
Caminé hasta la parada del colectivo que iba para el otro lado sin querer mirar la hora... y cuando llegó, me lo tomé.Nunca caminé tan rápido como en las escasas cuadras entre donde me dejó el 99 y Marcelote. Primer piso por escalera (sólo porque para llegar al primer piso, subo más rápido corriendo que por ascensor), miro la hora (recordemos que la oficina cerraba a las 18): 18.07. Shit.
Pero veo que alguien sale de la oficina! Me apuro, entro con cara de tonta desorientada y pregunto... pero no... "los chicos que hacen ese trámite ya se fueron, la oficina cerró a las 6"... "Ah, qué pena...", respondo yo. Si no me hubiera tomado el colectivo para el otro lado, quizá hasta me sobraba tiempo! Y eso fue lo que pensé cuando estaba en la parada del 99-para-el-lado-correcto pero entonces no quise mirar la hora porque si hubiera presentido que no llegaba, igual no hubiera sabido volver a mi casa desde ahí!!!!!En fin... Los dejo. Seguramente haya pronto nuevos capítulos; no es que haga pavadas todo el tiempo, pero... :-)
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